viernes, 17 de agosto de 2012

La increible historia de Hipólito "el hombre pájaro". VI



VI
Conclusión


" El ancho campo me parece estrecho,
la noche clara para mí es oscura,
la dulce compañía, amarga y dura,
y duro campo de batalla el lecho."
(Garcilaso de la Vega. Soneto XVII)

-¿Volvió a verla?. 
Mi pregunta sacó al extranjero de los recuerdos del pasado, asintió y ensayó una triste sonrisa.
- Esa ha sido mi persecución, el poso amargo que quedo de todo aquello. La he visto en París, en Roma y hace tan solo unos días en Madrid. Que puedo decir, la veo sobre el escenario, y mi mente evoca los felices días en los que creí correspondido mi amor hacia ella. Lo hago a escondidas, sin que ella me vea, y disfrutando de su cercanía por un momento.
- Sabe, no creo que usted fuese tan mala persona para que le tratasen así.
- Gracias chico, pero con el tiempo me he dado cuenta que hice cosas despreciables, tal vez necesitase que alguien me diese una lección. Y vaya sí me la dieron ...
- No, debería hablar así.
El hombre se aproximó a los ventanales y volvió a hurgar en las cortinas dejando pasar la claridad del día.
- A partir de mañana Hipólito Rhamel estará muerto, dejará paso a Hipólito Rivas, el apellido de mi madre, lo he estado pensando y es mi forma de pasar página y dejar atrás un pasado del que no me siento muy orgulloso - Se volvió entonces y por primera vez su sonrisa no tuvo ningún atisbo de pena -. Bueno muchacho, gracias por escucharme con tanta paciencia, gracias por tu compañía. Me has ayudado bastante, ha sido una liberación el poder hablar de todo aquello. Espero no haberte incomodado, la situación era extraña pero aguantaste. 
El tipo me estrecho la mano, y por mi parte no fui capaz de decir nada, me sentía pequeño y estúpido, al salir saludé con la mano y me marché sin más.

No le volví a ver nunca, se desvaneció aquel caluroso verano y este hecho dio que hablar hasta que acabó la siega y se recogió la uva en la vendimia.
Mi tío Ventura comentó que se lo encontró un día en el camino de Brihuega, que le había visto asomado a un carruaje atestado de bultos y equipajes.
Por otra parte el viejo "rata" se encontró la casa de Hipólito abierta de par en par, los animales habían desaparecido del corral, bueno todos no. 
En medio del salón, una jaula dorada guardaba un jilguero que aleteaba asustado y famélico, a su lado una nota escueta:
Cuidenlo.
Al lado una rosa roja marchita por el calor.

Aquella casa en lo alto del barranco, misteriosa y solitaria dio para muchas historias.
Uno de los chicos del pueblo bautizó al desaparecido dueño con el apodo del hombre pájaro, asustaba a los más pequeños diciéndoles que los visitaría las noches de luna llena y les dejaría sin gotita de sangre.
Nunca he contado nada a nadie, ni un pequeño detalle de la historia, hubo un día en el que puse cara a otro de los protagonistas de la misma. Me impresionó ver una fotografía de Eloise, en el diario de provincias, era una actriz de prestigio según leí.
La verdad es que era muy guapa, aunque note en sus ojos un halo de tristeza semejante al del hombre pájaro.

A veces las cosas no tienen un porqué, simplemente surgen por qué sí, aquel día alguien abrió su corazón al no aguantar el peso que llevaba encima, y lo hizo ante un chiquillo de pocos años.
Ahora, me encuentro con estos antiguos sucesos, hechos de mi vida prendidos como viejas fotografías, recuerdos caducos ya enterrados por los asuntos del día a día.
Lo que sí estoy seguro es que la historia que me contó influyó en mi vida, he intentado ser lo mejor que he podido, y dar a los demás lo que merecían. En cuanto al amor, hubo de todo, sin duda lo disfruté y a veces lo sufrí.
Soy viejo ya, cansado, y viviendo del recuerdo de los felices días de antaño, ha pasado mucho tiempo pero creo que debo limpiar su nombre. Me he propuesto escribir lo que aquel hombre me confesó, es el momento de matar al hombre pájaro, y al supuesto vampiro que habitó en la casa del llano, aquel extranjero pudo cometer sus fallos pero ya pagó su penitencia, tan solo fue un Icaro al que se le quemaron las alas por acercarse demasiado al sol.

Diego Barquero Blas. Azuqueca de Henares. 17 de Agosto de 2012.