jueves, 11 de abril de 2013

Caminos de Caspueñas.




El ajetreo de la vida, el mundanal ir y venir que nos atrapa con sus garras y tiene poca piedad de los que andamos atados a las vicisitudes de su juego, bueno eso y estar gastando más pasión en otros blogs ha determinado que en los últimos tiempos haya reinado el desapego y la desidia por estos, por otra parte tan queridos, chavales del after.


Echo de menos perderme sin rumbo fijo por los vericuetos y sendas de esta "ínsula" Alcarreña, sin más sentido que el del sol acompañando cada paso y por más reloj que el cansancio o la fatiga. Pero habrá que esperar con ese reencuentro por qué en estos tiempos vale más que nunca aquella máxima tan masticada por las gentes, El tiempo es oro.
Cuando la morriña te atrapa, y te sacuden desde dentro los lejanos recuerdos del ayer me descubro fijando mis ojos en las antiguas fotos, como si con ello fuera a conseguir meterme dentro de ellas y hacer una breve visita al lugar.
Tonto de mi pues con ese remedio no consigo nada, si no agravar más el mal que me aqueja y echar de menos aquellos días de primavera derrochándolos sin dolor, como un nuevo rico sujetando un billete de cincuenta, ahora la realidad es otra y toca valorar cada segundo, cada instante de libertad fuera del lugar de trabajo.

A veces la poesía es una balsa de reflexión, prima hermana de lo que predicaban aquellos filósofos griegos de los que tanto nos han hablado y tan poco sabemos a fin de cuentas. Nos enseñan a reparar en los matices, a veces sin importancia, haciéndonos perder el asunto y su profundidad en sí.
Ideas, conceptos, una danza de palabras para aprender que a veces no hacen mella en nosotros, y es que en el momento en que vivimos buscamos la felicidad muchas veces en la posesión, en el tener, en el anhelar. La cosa es harto complicada, pero cuando aprendamos a dejar de querer tantas cosas, nos encontremos más cerca de la sencillez, estaremos más cerca de la tan buscada Felicidad.


Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

(Antonio Machado. Proverbios y Cantares XXIX)


Sigamos andando pues, que queda mucho por recorrer.