viernes, 25 de enero de 2013

Mensaje final.




Bueno esta es la segunda entrega de esta nueva historia, por otro lado sí andas un poco despistado y no leíste la entrada anterior hazlo antes de seguir leyendo más abajo. Puedes hacerlo pinchando en el siguiente enlace:

El Mensaje.


Mensaje Final


Es una sensación extraña, un hormigueo que me paraliza las piernas que parecen tiesas como palos. Intento avanzar entorpecido por el desagradable viento que agita las desnudas ramas de los árboles del paseo.
Las farolas se balancean como altos cuellos de jirafas, más allá el parking dormita tranquilo con su ejercito de coches tiritando bajo las heladas caricias del invierno.
Pretendo estar tranquilo, pero me cuesta tanto... es como sí estuviese adormecido totalmente, atontado o recién levantado.
O posiblemente esa maldita palabra que empieza por M.
Implacables latigazos, pensamientos fugaces que se clavan dentro como un película de terror  de dudoso gusto y en la que me veo protagonista. Una tras otra las escenas cambian hasta llegar a desear que todo es un sueño, o al menos eso quiero pensar quelas imágenes son fruto de mi imaginación, escucho un frenazo metálico enmarcado en gritos de miedo. Una explosión y después la nada.
Finalmente las piernas parecen volver a la vida y encaro los últimos metros a buen paso, me quedo quieto pues juraría haber vivido esto antes.
Lo se, claro que lo se seguro, allí de pie mecido por la furia de la noche como un pelele, soy un juguete en manos de un oscuro destino.
Entorno los ojos e intento escudriñar por encima de la alambrada, de las vallas oxidadas de la estación. No, no hay nadie. 
Pero... Allí, acaba de aparecer.
No, no puede ser cierto. Un nudo que colapsa la garganta, una tristeza que arraiga cruel desde el corazón al más mínimo e insignificante recuerdo de mi existencia.
Tiro del guante derecho con violencia y agarro con rapidez el teléfono móvil, tecleo lo más aprisa que mis dedos lo permiten.

INTENTÉ AVISARTE EN
EL ANDÉN.
ESE TREN TE LLEVA
A LA MUERTE.

Como Prometeo se que tengo la batalla perdida, ¿Pero y sí esta vez fuera diferente?.
¿Por qué no poder ser liberado de aquella maldición?. 
De nuevo el traqueteo, la grabación del tren anunciando la próxima parada.
Próxima estación, la NADA.
Tiene que leerlo, desesperado mando el mensaje y no pudiendo esperar tiro de mi cuerpo hacia delante y recorro el hall de la estación todo lo deprisa que puedo.
Vacío, todo vacío, allí no hay nadie. 
La taquilla con el cierre bajado, un cartel anunciando una futura huelga de los trabajadores.
Corro y doblo a la derecha, tropiezo con los tornos que están abiertos de par en par y encaro casi sin aliento las escaleras mecánicas.
El cercanías esta a punto de entrar en el andén y se que mi aviso no ha servido para nada.
Me quema el pecho, debería dejar de tirar el dinero en el puñetero tabaco.
Casi no hay tiempo, la noche me recibe nuevamente con su abrazo desagradable y estoy a punto de tropezar.
De nuevo, las piernas totalmente inertes, miro a un lado y no le consigo ver.
Me giro hacía el lado contrario y allí está él mirándome, se lo que piensa...
Pretendo caminar a su encuentro pero trastabillo, y estoy a punto de caer sobre el sucio suelo, intento pronunciar las palabras mágicas pero nada brota de mi garganta.
La luz me ciega, me quedo paralizado en el sitio mientras noto como el piso retumba bajo mis pies.
Las puertas se cierran, él ha subido, le veo allí sentado con cara de estúpido y sin dejar de observarme tras los amplios ventanales del vagón.
Corro sin sentido levantando los brazos, intentando hacerle saber de su error y con una desazón increíblemente amarga. La desesperación de no haberme podido salvar a mi mismo del accidente y de la muerte.
El cartel de la estación se ha fundido en un resplandor dorado para después caer al pavimento y estallar en mil pedazos.
Oscuridad total, oigo voces asustadas a mi alrededor, ecos terribles que entrechocan en el amasijo de hierros.
Después la NADA.


Texto y fotos.
Diego Barquero Blas
Azuqueca de Henares
2013